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OPINIÓN: NIHIL NOVUM SUB SOLE

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Autora: Soledad Alvear V. | Medio: La Tercera.

Lo que ocurrió en las primarias argentinas no debería llevar a sorpresas. Las instituciones democráticas reflejan, como es en el caso de las elecciones, situaciones en que la gente confíó en cambios pero cuando no los ve en la forma y fondo que les prometieron vuelve atrás. Es triste escucharlo, pero más de alguna vez uno se ha topado con un hermano argentino y dijeron algo así como que los radicales (y otros) son honestos pero no saben gobernar, mientras que los peronistas son ladrones pero los únicos que saben gobernar. Es decir, independiente de que esa frase sea cierta (en ningún caso generalizable), hablaría no tanto de sus protagonistas pero más bien de un sistema donde los límites están corridos. Finalmente, la ética de la acción pública no es tan importante mientras se distribuyan bienes y servicios. Para muchos la realidad actual es que si el clientelismo y la corrupción son un impuesto más a pagar, bienvenido sea.

El principal responsable de su derrota es el propio Mauricio Macri. Nadie duda de sus credenciales democráticas y la voluntad que tuvo de sacar al país adelante en el minuto que tomo las riendas de la Casa Rosada. Sin embargo, sus resultados son pobres y la economía sí importa porque finalmente es donde los ciudadanos ven reflejados en hechos lo que las políticas públicas diseñadas deberían hacer. Desilusionados los votantes, el espacio de Cambiemos y el PRO se transforma en otro más que no da respuestas a la población. Es así, que mientras las posibilidades y opciones políticas van disminuyendo por falta de credibilidad, la puerta se abre para que aparezcan supuestos mesías, líderes populistas y toda una laya de personajes que no están interesados en preservar las instituciones de la democracia. Por ahora, claro el peronismo de los Fernández y Fernández no representa nada distinto a lo ya vivido.

Triste podrá ser para muchos pero es lo que ya existe. Por lo mismo, es una alternativa real para seguir hacia lo conocido o hacer un salto a un tercero que puede ser aún peor.

Esa realidad fuera de Argentina cuesta entenderla, pero que visto desde esta perspectiva tiene toda lógica. El gran problema es que esto dura por un tiempo y luego qué viene se transforma en un misterio. Con la ausencia de identidad propia del radicalismo y una izquierda totalmente diezmada, la alternativa peronista es la única que tiene un sustento en un equipo, malo o bueno, pero equipo finalmente.

El panorama es francamente desolador. Argentina tiene un historial de destrucción de sus instancias políticas y administrativas. Ningún Presidente no peronista ha podido entregar el mando democrático a otro del mismo singo político desde 1928. Lo anterior revela una historia de golpes de Estado, dictaduras militares, gobiernos débiles e instituciones sin arraigo. Lo que ocurrió el domingo no es nada diferente de lo que pasa con cualquier electorado desilusionado. En otras latitudes varios deben estar tomando nota, no me cabe duda.

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OPINIÓN: ADAPTABILIDAD LABORAL Y SUS RESGUARDOS

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Autor: Zarko Luksic | Medio: La Tercera.

Estamos en pleno debate político y legislativo sobre dos temas que pudieren estar relacionados pero que no, necesariamente, en su tramitación legislativa deberían tener similar prioridad y urgencia; me refiero a la reducción de la jornada laboral y la adaptabilidad de la jornada laboral.

No me opongo a una eventual tramitación conjunta, por razones de viabilidad política del proyecto, pero creo que lo urgente debe estar en diversificar y flexibilizar nuestra encorsetada y rígida jornada laboral.

Creo que mientras más libertad tenga el trabajador sobre su tiempo es mejor para él y su familia. La adaptabilidad que propone el proyecto de ley del gobierno permitirá acordar entre el empleador y trabajador jornadas de 180 horas al mes o que se trabajen cuatro días y se descansen tres en la semanal u otras modalidades, lo que nos permitiría hacernos cargos de la diversidad productiva que existe en Chile donde muchas actividades están asociadas a las estaciones del año o a ciertas horas del día, como la agricultura, el comercio, turismo, pesca, digitalización, servicios tecnológicos, entre otros.

En febrero de 2019, la Comisión Europea advirtió que “el cambio demográfico ha dado lugar a una población activa más diversa, la digitalización ha facilitado la aparición de nuevas formas de empleo y han surgido relaciones laborales nuevas y más flexibles. En los últimos años -agregó-, uno de cada cuatro contratos de trabajo tiene por objeto formas de empleo atípicas, es decir, todas aquellas que no son a tiempo completo y de duración indefinida, desde el trabajo a tiempo parcial clásico al trabajo según demanda sin unas horas de trabajo garantizadas”.

Los detractores a este proyecto afirman que bajo este esquema el trabajador no tendrá suficiente fuerza para negociar y que su empleador lo obligará a acordar una jornada desfavorable y abusiva, precarizando su empleo. Es cierto que la doctrina iuslaboralista reconoce que en toda relación laboral hay un desequilibrio en favor del empleador, sin embargo esta doctrina está en cuestionamiento por el empoderamiento de algunos trabajos, la automatización y también por la existencia de sistemas de protección judicial y de tutela. En Chile y el mundo los nuevos trabajos se están imponiendo y ante ello el legislador está en lo correcto al impulsar la flexibilidad, pero también debemos estar atentos a que ello no se preste para arbitrariedades.

Se deben crear mecanismos para que el trabajador que pacte la adaptabilidad goce de un derecho de indemnidad frente a un eventual abuso y para que el trabajador pueda acudir a un ente fiscalizador (Dirección del Trabajo) frente a vicios, un amparo legal que ya existe pero que se debe perfeccionar.

Pero también debemos precaver que todas estas necesarias salvaguardias no terminen rigidizando aún más los mecanismos de adaptabilidad de la jornada y que no vaya a ser que los cuidados del sacristán terminen matando el establecer esta flexibilidad laboral que tanto necesita nuestra economía.

VER COLUMNA EN DIARIO LA TERCERA

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